Lo que reemplaza y lo que no

Un Galaxy S26 a 625 € tiene sentido si vienes de un teléfono con más de tres años, pantalla mediocre o cámara que ya no da la talla. Lo que obtienes aquí es un procesador Exynos o Snapdragon de última generación según región, pantalla Dynamic AMOLED a 120 Hz, y un ecosistema Samsung con actualizaciones garantizadas varios años. Si ya tienes un S23 o un Pixel 7 en buen estado, la justificación es mucho más débil.

El cálculo real del precio

De 999 € a 625 € son 374 € de ahorro. Eso no es menor. En gama alta, los precios de lanzamiento son inflados precisamente para que los descuentos posteriores parezcan espectaculares, así que hay que leerlo con ese contexto. Dicho esto, 625 € por un S26 con 12 GB de RAM y 256 GB de almacenamiento sigue siendo un ticket alto. La amortización tiene su lógica si lo usas cuatro o cinco años, cosa que Samsung facilita con su política de actualizaciones.

La debilidad del segmento que nadie cuenta

El problema real de los flagships de Android no es la calidad, es la depreciación. En dos años, este teléfono valdrá quizá 350 € de segunda mano. Si sueles renovar con frecuencia, ese ciclo duele más de lo que parece. Además, la diferencia práctica en uso cotidiano entre este modelo y un gama media de 350 € es real pero no brutal, salvo que uses mucho la cámara en condiciones difíciles o juegues de forma intensiva.

A quién le cuadra este precio

Tiene sentido si fotografías con frecuencia en interiores o noche, si quieres un teléfono que dure sin fricciones hasta 2029, o si vienes de algo obsoleto. No lo justifica tanto si solo necesitas llamadas, apps básicas y redes sociales. Sky Blue, además, es un color que envejece bien. Detalle menor, pero lo digo.