Lo que notas desde el primer uso

El enjuague con alcohol tiene ese momento de fuego en la lengua que hay gente que aguanta estoicamente y gente que escupe a los tres segundos. Yo era del segundo grupo. Mira tú por dónde, probé esta versión sin alcohol un día que me quedé sin el habitual y no volví atrás.

El sabor mentol es suave de verdad, no agresivo. Puedes hacer el enjuague el tiempo completo que recomienda el bote sin hacer muecas. Y la sensación de frescor dura, que es lo que importa cuando te lavas los dientes a las siete de la mañana antes de hablar con nadie.

El formato de 2 litros cambia la ecuación

Perfectamente podría comprar el botecito pequeño, pero dos litros a menos de ocho euros son semanas de uso sin preocuparse del stock. Lo guardo debajo del lavabo y voy rellenando un bote más manejable. Nada del otro mundo, pero funciona.

La única reserva honesta que tengo: si buscas el efecto antibacteriano más agresivo, la fórmula sin alcohol es algo más suave en ese aspecto. Para uso diario de mantenimiento va perfecta. Para después de una cirugía dental o una infección, consulta primero con tu dentista.

A quién le vale y a quién no

Te vale si tienes la boca sensible, si convives con críos que también usan colutorio, o simplemente si el ardor te parece un suplicio innecesario. No te vale si necesitas la versión clínica fuerte o si ya tienes uno que te funciona sin problemas. Para el resto, a este precio, tiene mucho sentido.