Lo que se nota nada más encenderlo
Hay monitores que te impresionan en la ficha y luego te decepcionan en mesa. Este no es ese caso. Los 260 Hz se perciben desde el primer momento que arrastras una ventana, y ya ni te cuento en un shooter. La fluidez es real, no de marketing. Mira tú por dónde, a veces el número grande de la caja sí coincide con lo que ves.
El panel es Full HD, que a 27 pulgadas está en el límite. Si te sientas a menos de 60 centímetros, quizá notes la pixelación. Yo lo tengo a poco más de un brazo de distancia y perfectamente, sin problema. Para trabajo de edición de fotos o vídeo ya te digo que no es su terreno: aquí el objetivo es la velocidad, no la fidelidad de color.
Para quién tiene sentido gastarse 89 euros aquí
Si juegas títulos competitivos, el salto desde un panel de 60 o 75 Hz es brutal. La diferencia no es sutil. Con 89 euros es difícil encontrar algo comparable, y el 18% de descuento sobre los 109 euros de precio habitual lo convierte en uno de esos chollos que cuesta ignorar.
Mi reserva honesta: los altavoces integrados son lo que son, casi decorativos. Y la base de soporte no permite ajuste de altura, lo cual en un monitor de estas dimensiones sí puede molestar si no tienes un brazo articulado. Pequeños detalles que no rompen la experiencia, pero que conviene saber antes de comprarlo.